La contaminación en el quirófano nunca ha sido un tema menor, pero la pandemia por COVID-19 dejó claro que un quirófano seguro empieza —literalmente— por el aire que respiramos. Durante esos años, en los quirófanos vivimos momentos intensos: mantener cirugías urgentes sin poner en riesgo a los pacientes ni al equipo fue un desafío constante. Fue ahí cuando entendimos que el sistema de aire acondicionado no es “solo climatización”, sino un mecanismo de defensa contra microorganismos, aerosoles y partículas capaces de causar infecciones hospitalarias.
La calidad del aire determina qué tan seguro es un quirófano. Cada movimiento, cada equipo, cada apertura de puerta genera corrientes de aire que pueden arrastrar partículas contaminadas hacia el campo estéril.

Las bacterias y los virus pueden permanecer suspendidos mucho más tiempo del que imaginamos. Durante la pandemia, por ejemplo, descubrimos que los aerosoles podían retener trazas de SARS-CoV-2 en ciertos ambientes. Esto nos obligó a reforzar las medidas de filtración y de recambio de aire por hora.
Una persona hablando, moviéndose o simplemente respirando libera partículas. En una cirugía abierta o laparoscópica, los aerosoles del paciente también pueden liberarse, especialmente al usar energía (bisturí eléctrico, láser). Por eso los quirófanos necesitan sistemas de flujo controlado que mantengan la dispersion al mínimo.
La contaminación no proviene de un único lugar. Es un fenómeno multifactorial que se activa incluso con pequeñas variaciones en temperatura, presión o humedad.
Una mala climatización incrementa la proliferación bacteriana. Temperaturas elevadas favorecen hongos; humedades altas alteran la estabilidad del ambiente; una filtración deficiente permite la entrada de polvo, esporas y microorganismos.
El humo del electrobisturí puede contener partículas inflamatorias o incluso virales. Además, cada vez que se abre la puerta, el flujo se rompe y entra aire de menor calidad. Durante la pandemia lo vimos a diario, y fue parte de lo que nos llevó a rediseñar rutas para pacientes sospechosos o positivos.
Aunque no son la principal fuente de aerosoles, sí acumulan carga microbiana. La desinfección continua es esencial, especialmente en procedimientos prolongados.
Los filtros HEPA capturan hasta el 99,97% de partículas mayores de 0,3 µm.
El recambio de aire por hora (ACH) es el corazón del proceso: a más recambios, menor permanencia de virus y bacterias. Durante COVID-19 seguimos estrictamente estos parámetros, lo que contribuyó a reducir contagios entre el personal y a mantener la operación del servicio.
La estabilidad térmica disminuye la proliferación de microorganismos. Un sistema bien diseñado mantiene una temperatura regulada y una humedad óptima, evitando ambientes propicios para hongos o bacterias.
La pandemia no solo cambió nuestras prácticas; modificó para siempre nuestra percepción del riesgo.
En nuestro centro diseñamos rutas específicas, ajustamos la ventilación para maximizar la dilución de aerosoles y reforzamos el uso de barreras físicas. La revisión bibliográfica que realizamos en bases como MEDLINE y Scopus nos ayudó a fundamentar cada decisión.
Nos enfocamos en:
Gracias a esto, logramos una reducción real de contagios entre el personal y menos pacientes afectados en el período perioperatorio.
Medidas complementarias para un quirófano libre de contaminación

El aire acondicionado es esencial, pero no trabaja solo.
Implementamos protocolos reforzados con detergentes clorados y luz UV en algunos casos, especialmente en cirugías con mayor riesgo de generación de aerosoles.
El flujo de personas es uno de los factores que más influye en la calidad del aire. Durante la pandemia, limitamos el tránsito y establecimos roles más estrictos dentro del quirófano.
El humo quirúrgico contiene partículas que pueden transportar sustancias nocivas. La aspiración activa se volvió obligatoria. Y, desde la perspectiva ambiental, también es importante el manejo adecuado de residuos hospitalarios.
Beneficios reales de un sistema de aire acondicionado especializado
Invertir en un buen sistema no es un lujo: es seguridad clínica y eficiencia.
Un aire libre de partículas y microorganismos disminuye la probabilidad de infecciones asociadas al procedimiento.
Lo vivimos en carne propia: con protocolos estrictos y aire bien filtrado, los contagios descendieron drásticamente.
Menos infecciones implica estancias más cortas, menos cirugías reintervenidas y mejor uso de los recursos.
AMEH: Tu Aliado en la Calidad del Aire en Quirófanos
En Ameh sabemos que contar con un sistema de aire acondicionado de alto rendimiento y con un mantenimiento meticuloso no es un lujo, sino un requisito indispensable dentro de un entorno quirúrgico. Gracias a nuestra experiencia en la fabricación de ductos y en el desarrollo de soluciones HVAC completas, contribuimos a crear quirófanos donde la seguridad y la eficiencia son prioridad.
En una sala de operaciones, donde cada segundo es crucial, garantizar las condiciones ambientales adecuadas no es negociable; es una responsabilidad esencial para proteger al paciente, al personal médico y al equipo asistencial.
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